| Capitulo VIII, Mi vida Agricola |
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| Escrito por Dr. Carlos Rodolfo Wohlers | ||||
| miércoles, 05 de septiembre de 2007 | ||||
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1917, fue el año en que papá tomó la decisión de iniciar los trabajos en Chipemech, por lo que se ordenó de acuerdo a la planificación elaborada la siembra de una bonita cantidad de café, en ese entonces la central estaba bastante mejorada, en cuanto a la cantidad de cultivos, como en la producción de los mismos. Lamentablemente en ese período, toda la población de la región, fue atacada por una gran gripe ( pandemia que se llamó Gripe Asiática) que provocó la muerte de gran cantidad de personas; todos en casa también fuimos afectados, la fiebre que daba era muy alta, gracias a Dios, a papá y a mí, solo una noche nos afectó, luego nos recuperamos, y eso nos ayudó a no perder parte de la cosecha que estaba amontonada en el patio del beneficio, para lavado y secado, ya que los trabajadores no llegaban por el problema de salud. Ya en ese año éramos siete hermanos y todos sufrieron la enfermedad, la más pequeña que se llama Julia estuvo a punto de morir, creo que se salvó, porque con mamá le dimos bastante jugo de naranja agria y eso la recuperó rápidamente, hoy día que escribo, esa mi hermanita ya es abuela y no se ha de acordar que estuvo al filo de la muerte. Posterior a esta etapa, me ascendieron a Caporal de hombres, semanalmente me correspondía pagar los salarios devengados y alcancé tener mucha habilidad para el manejo administrativo de eso. Nuevamente me cambiaron puesto y me asignaron el de Mayordomo, con un sueldo de 300 pesos, equivalente a Q 5.00 de hoy, (1977). El trabajo cada vez se me dificultaba más, porque ya tenía que viajar más seguido al anexo, las siembras de café que se habían hecho comenzaban a producir una bonita cantidad de granos. En esa época se sembró más en el área del camino a la finca Volcán; se tendió la línea telefónica desde la central; un problema serio en Chipemech era la ausencia de agua, por lo que se recolectaba la de lluvia, cuando la naturaleza lo permitía y se utilizaba para consumo humano. Al ir calculando que la producción iba a ser grande, se pensó en la posibilidad de establecer un beneficio húmedo (pulpero y pilas con canales para lavado) por lo que papá personalmente se dirigió a instalarlo en “El Dormitorio” Secuaribal Pec, donde había una pequeña vertiente de agua, que nos hacía pensar que podríamos encontrar la veta grande, por lo que se iniciaron trabajos de excavaciones, sin resultados positivos, nunca se encontró nada. Tuve que trasladarme, para poder controlar mejor el manejo de la cosecha, allí precisamente empecé a recibir los primeros quintales de café, que poco a poco fueron aumentando, llegando el momento de que ya no se podía manejar a ese nivel, por lo que a diario tenían que llegar las sesenta mulas que conformaban el patacho de la central a recogerlo, para continuar allá con el proceso de secado. El día laboral era muy duro, me levantaba muy temprano, a hacer mi desayuno, porque estaba solo; cada tres días me mandaban bastimento, que consistía en tayuyos, panes y algunas veces mantequilla y queso, luego me dirigía a revisar la cantidad de personas que habían entrado al corte de café y por la tarde a recibir, pesando y anotando lo que correspondía a cada uno, luego procedíamos a despulpar y a controlar el traslado, finalizando nuestro día más o menos a las nueve de la noche. En uno de esos días de mucha actividad, de sorpresa vimos que llegaban visitas: mis padres que deseaban ver como estaban las cosas, especialmente el manejo de la producción, quedaron impresionados de cómo estaba todo, muy contentos, y antes de retirarse me llamaron para indicarme que al día siguiente mandarían a una mujer para que fuera la encargada de preparar mis alimentos; cabalmente llegó la anciana Dominga, quien me entregó una caja de puros finos y una botella de Whisky que papá me enviaba como regalo, por primera vez en mi vida. En ese tiempo no acostumbraba tomar licor, fumaba un cigarro de vez en cuando. Un sábado decidí viajar a Secansín, con la intención de ir a ver cine, (cine mudo) por lo que llamé a mi compañero de trabajo, que le decíamos Toshito, una persona ya bastante mayor de edad, le informé de mi salida y le dí recomendaciones para el manejo del café que estaba en el patio, había que darle vuelta para evitar que se fermentara, luego me monté en mi bestia y salí rumbo a la casa.
![]() Guayito cabalgando en su mula La Tumin Al llegar, noté que a papá no le agradó mucho verme, por la responsabilidad que tenía; en fin, yo me hice el baboso y me quedé todo el sábado y domingo, regresando de madrugada el día lunes. Salí, tipo dos de la mañana con la intención de descansar un poco a medio camino, dormir envuelto en mi capa, lo que no pude hacer por la cantidad de Jején, no me dejaron un segundo, por lo que continué mi viaje, llegando a Chipemech cuando estaba amaneciendo; en ese momento vi a una persona, que a esa hora iba zigzagueando, pero sin reconocer quien era. Después de hacer la lista de los trabajadores de ese día, entré a la casa, a mi cuarto y después de ordenar mi ropa y las cosas que llevaba, al voltearme vi hacia el marco de la puerta, donde había un espacio que lo había usado para guardar la botella de whisky que mi papá me regaló, mi sorpresa fue verla casi vacía, quizá lo que saldría era uno o dos tragos, en ése momento sentí que la sangre me hervía de la cólera y aprovechando que Toshito estaba cerca y era el único que tenía llave, me dirigí a él, preguntándole: -¿Quién se tomó mi botella de whisky? Me respondió entre dientes, -Yo no sabía, que tuvieras eso allí, al escucharlo me enfurecí gritándole: -¡Sinvergüenza! Al oír lo que le dije, hizo el intento de sacar su machete con el deseo de agredirme, pero no tuvo tiempo, mi juventud me ponía en ventaja, de un salto estaba frente a él y dándole un puñetazo en la cara cayó al suelo, donde lo desarmé, se levantó como pudo y salió sin decir palabra alguna. Ya llegado el medio día, veo que Toshito reaparece, no lo había visto después del incidente, se me acercó con mucha precaución y lentamente, al darme cuenta de sus movimientos, me dio cierto grado de desconfianza, al lograr acercarse se refirió a mí, diciéndome: -Guayo, te quiero hablar, -¿Que querés? le respondí en tono molesto. -Solo quiero saber, si todavía estas enojado, me dijo; -Sos un abusivo, le volví a decir; -No, solo quiero decirte la verdad, agregó. -¿Qué verdad? Le volví a cuestionar, -Sí es cierto, yo fuí el que se tomó tu whisky porque estaba triste de estar solo, pero ahora que ya me pegaste, quiero que me des el resto para mi goma. Después de la cosecha, se nos venía el verano, aprovechábamos los días previos, que era la época ideal para realizar otro tipo de trabajo, siempre en el tema café, como podar y limpiar, al finalizar esta labor, me regresaba a casa, donde me ocupaba en trabajos de carpintería, talabartería y otras cosas. Jamás compré una montura, yo mismo las hacía, así como las polainas y en algunas ocasiones fabriqué unas valijas de puro cuero de las cuales una se fue para Alemania, ya que me la compró don Herman Heinemann, a un costo de veinte dólares. En una ocasión deshice un zapato para molde y me hice cuatro pares, que me tardaron mucho tiempo. Mi vida siempre fue activa, nunca sentí pereza para hacer algo, tenía mucho deseo de superación para llegar a ser algo, pero aquí, en el lugar donde vivimos, no ha habido opciones para salir adelante. Mi juventud casi terminó en la finca, llegué a ella cuando tenía dieciséis años con tres meses y salí pasados los cuarenta, casado con tres de familia. Llega mayo, nuevamente a prepararme para trasladarme, a seguir con el trabajo de sembrar más café y admirar la florescencia de aquellos arbustos, que para mí era fantástico.
![]() Guayito disfrutando la florecencia de café Más o menos en febrero o marzo del año 1925, llegó papá a visitarme y me dijo: -Guayo, en abril me voy para mi tierra y he decidido nombrarte mi Apoderado General, aquí tenés el poder, tu puedes disponer como que si yo mismo lo hiciera y espero que cumplas bien tu cometido. Le dije: -Papá, ¿Por qué no deja a don Herman Heinemann, al frente de la finca? Entonces me respondió:-El no es mi hijo, para darle ese poder. Salió para Alemania y semanalmente le escribía dándole pormenores de todo lo que pasaba, siempre estuvo al día del movimiento de la finca, a su regreso se le veía muy contento de ver la forma como estaban las cosas. El poder que me dejó papá fue hecho por el Licenciado Filiberto Ponce Sierra a nombre de Eduardo Rivas Wohlers, porque en ese tiempo mis padres no habían contraído matrimonio, luego que un compadre de ellos los convenció, se casaron ante las autoridades de Cahabón Alta Verapaz. Mis hermanos inmediatamente se firmaron Wohlers Rivas, menos yo, y eso fue muchas veces motivo de disgusto entre nosotros. Un día me llamó y me hizo el reclamo, que por qué no me firmaba con el apellido de él, yo le respondí: -Mientras usted no vaya al Registro Civil, yo no puedo cambiar. Estaba en lo cierto pero nadie me quería entender. Con su muerte, se abrió y leyó el testamento y fue entonces cuando sí tomé el apellido como era debido. Ya no regresé a Chipemech, lo hizo mi hermano Ernesto al volver de la capital, a él se le nombró para que se hiciera cargo de ese lugar, lamentablemente hubieron descuidos en el manejo de los cultivos y la producción que se había mantenido en un promedio de ochocientos quintales de café oro, comenzó a disminuir drásticamente. Salí de ese bello lugar con mucha tristeza, al extremo de derramar muchas lágrimas y hasta la fecha que ya no tengo vivos a mis padres, suspiro por aquellos días y aquellos lugares, que de vez en cuando todavía puedo visitar. Visitas: 341
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