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Escrito por Juan Tomás Col Choc
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jueves, 13 de marzo de 2008 |
Niño, déjame ver un instante tus tiernos pies desnudos de siempre. Tu infancia me hace soñar de nuevo, me hace vivir una vida de ilusiones, de esperanzas que son realidades esperadas. Cuando te veo en tu caminar, pienso y pienso que un día fui como tú.
Sí, estos son mis pies que también pueden ser los tuyos, que hacen más que caminar y lo hacen sin descansar, sin cesar, en cada lucha y en cada palpitar de un corazón andante. Sí, estos son tus pies, mis pies, que también son los tuyos, los míos que caminan, camino contigo. Y lo hacen sin descansar: no descanso. Tus pisadas son como el pensamiento fugaz y el mirar de tus ojos, tu destino es deseado, en cada paso y en cada pensamiento, adelante van y seguros, abriendo veredas como muy fieles hermanos de corazón, siguiendo largos caminos, rectos y torcidos, y en un instante tu esfuerzo se prolonga. Estén como estén, aunque mojados convierten el polvo en lodo mojado y el dolor queda derramada en lágrimas y su mancha la tiñe de rojo púrpura gota a gota cae su pesar, tropiezan y tropiezan, pero no caen, inconmovibles están y permanecen firmes más allá y a lo lejos del tiempo, en cada amanecer y en cada atardecer y en el horizonte se ve llena de huellas, son todas las pisadas llenas de mucha luz, son sacrificios y cominos de imitación. Entonces tus pies, son mis pies, tu camino es mi camino, yo soy y tú eres. Visitas: 683
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